Inhala. Exhala. Inhala. Exhala.
La paciencia como todo, tiene un límite. Es cuando comienza a plancharse casi asintóticamente en ese límite cuando, afortunadamente, se activa el disyuntor que nos salva la vida.
Para bien de muchos, no es mi caso salir con una tijera a correr por la calle y gritar; ni quemar muebles o pertenencias, ajenas o propias, en un brote psicótico. Para mal de pocos, mi mecanismo más bien consiste en el levantamiento incosciente e involuntario de una pared adiabática psicológica, de hormigón armado y fibrocemento, de brutas dimensiones; que me bloquea cualquier mensaje entrante y me pone en un auténtico modo de todo-me-chupa-un-huevo que se siente como un cinturón de seguridad mental y sentimental, y se exterioriza con una vulgar y aparente pero no intencionalmente desafiante cara de póker; de cejas rectas, boca cerrada relajada y ojos vacíos que miran paralelo.
Es una advertencia; para todo agente del mundo exterior que intente hacer contacto y sienta que está mandando un mensaje al vacío, que sepa que lo está. Que no es simple interferencia. Que hay un cable desconectado. Y que lo mejor es seguir las instrucciones porque hay peligro de incendio.
Amarillo paciencia. Por ahora.
No quiero, ni creo que nadie quiera, averiguarme en el rojo.
La paciencia como todo, tiene un límite. Es cuando comienza a plancharse casi asintóticamente en ese límite cuando, afortunadamente, se activa el disyuntor que nos salva la vida.
Para bien de muchos, no es mi caso salir con una tijera a correr por la calle y gritar; ni quemar muebles o pertenencias, ajenas o propias, en un brote psicótico. Para mal de pocos, mi mecanismo más bien consiste en el levantamiento incosciente e involuntario de una pared adiabática psicológica, de hormigón armado y fibrocemento, de brutas dimensiones; que me bloquea cualquier mensaje entrante y me pone en un auténtico modo de todo-me-chupa-un-huevo que se siente como un cinturón de seguridad mental y sentimental, y se exterioriza con una vulgar y aparente pero no intencionalmente desafiante cara de póker; de cejas rectas, boca cerrada relajada y ojos vacíos que miran paralelo.
Es una advertencia; para todo agente del mundo exterior que intente hacer contacto y sienta que está mandando un mensaje al vacío, que sepa que lo está. Que no es simple interferencia. Que hay un cable desconectado. Y que lo mejor es seguir las instrucciones porque hay peligro de incendio.
Amarillo paciencia. Por ahora.
No quiero, ni creo que nadie quiera, averiguarme en el rojo.




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